El poder mantiene el control de su hegemonía social por medio del miedo. Lo que más teme el poder es que se le pierda el miedo. Por eso se inyecta permanentemente en la sociedad dosis de miedo de todas las maneras posibles.
Cuando la población pierde el miedo, comienza a luchar para derribar el poder, normalmente a causa del ejercicio de la huelga general revolucionaria indefinida (no de un día). Entonces, el poder hace concesiones, o utiliza la fuerza militar en forma de represión, pero el coste en este caso (económico, social y humano) es mucho mayor.
Las redes sociales tienen una capacidad de control social superior a los demás medios de comunicación. Además de ser medios de propaganda, como son los medios clásicos (radio, TV) tienen la capacidad de generar, orquestar y dirigir protestas sociales de forma muy eficaz (lo estamos viendo).
Tras las protestas populares hay unas causas económicas claras: inflación, gestión económica desidiosa con las demandas civiles, y factores geopolíticos cuyas consecuencias son complicadas de prever, pero lo que estamos viendo no es el inicio de una huelga general revolucionaria.
Una huelga de transportistas provocada por el alto coste de los carburantes, tras el intento del imperialista de expolio a Irán, no se puede denominar revolucionaria (aunque sea lo más parecido a ella de todo lo que está organizado).
Las huelgas y movilizaciones de estudiantes, civilizadas acampadas urbanas, avalanchas masivas de inmigrantes pobres, etc., parecen responder a la lógica de generar miedo en dosis muy medidas con fines electorales. Todo lo contrario a una revolución.

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